Me cuenta mi amiga Concha que han hecho una escapada en familia a Sevilla de las que se disfrutan de principio a fin. Y es que recorrer la Hispalis de los romanos o la Isbiliya de los musulmanes es toda una aventura para los sentidos sobre todo si además, como fue el caso, el tiempo acompaña. Lo de la “lluvia en Sevilla es una maravilla” mejor lo dejamos para quiénes practican español o para los que van para largo, que todos sabemos cuánto molesta la lluvia cuando nuestra escapada es breve, viajamos con niños y queremos disfrutar de cada momento.

Claro que el plan fue de lo más completito: crucero por el Guadalquivir para disfrutar de ambas orillas del río, callejear por cada rincón, paseo en coche de caballos, subir a la Giralda, y para tomar fuerzas entre entre actividad y actividad, marchando una de tapitas, ¿alguien da más? Pues sí: rebajar la tapita y llenarnos de belleza a ritmo del pedaleo con un paseo en bici por los jardines de María Luisa, donde también se puede visitar ya en la plaza de América dos museos peculiares como son el de Artes y Costumbres Populares, tantas veces escenario de película, y el museo Arqueológico, fundamental para conocer la historia de Sevilla, así como el Pabellón Real construido para la Exposición Iberoamericana del año 1929.

Si se tercia, además de disfrutar del rico y valioso patrimonio histórico artístico de la capital del Guadalquivir, podremos visitar alguno de los diferentes parques de ocio con los que cuenta Sevilla, una ciudad que a todos maravilla. Con lluvia… o mejor sin ella.

Pasamos el puente en casa, madre e hija con el pie en alto. Todo un planazo: reposo y muletas. Tumbada en el sofá recuerdo que en su día pensamos viajar a Roma en estas fechas aunque al final decidimos posponerlo. Pero, ¿de haberlo contratado, podría haber recuperado el importe del hotel y de los billetes de avión de los cuatro?

Y es que muchas veces, seducidos por el destino, la oferta o el anhelado plan, nos lanzamos a la reserva sin detenernos a leer la letra pequeña de esos pequeños imprevistos que nos pueden salir caros. También sería casualidad que justo ese día alguno se pusiera enfermo, pero los que viajamos con niños conocemos el famoso “don de la oportunidad”.

Si vamos en coche, es un mal menor. La política de cancelación de los hoteles suele ser más laxa. Aunque muchas veces, si hemos hecho la reserva, tendremos que fijarnos en las condiciones pues algunas especifican que se trata de una oferta no reembolsable.

Lo malo es cuando además se suma el avión al itinerario previsto. Enfermedad, accidente o fallecimiento de un familiar directo suelen ser los eximentes, pero también hay que leer las condiciones de cada compañía y la tarifa que hallamos elegido, pues las hay muy restrictivas a la hora del desembolso.

¿Seguro de viaje?
Según. La mayoría de agencias, hoteles y compañías ante causas graves nos devolverán el importe o nos darán la oportunidad de aplazar el viaje. Y si además pagamos con nuestra tarjeta de crédito, dispondremos de un seguro de viajes derivado de ella para posibles incidencias durante el trayecto. En todo caso valdría la pena pensárselo si se trata de un viaje adquirido con muchos meses de antelación o si tenemos un trabajo con muchas posibilidades de alterar nuestros horarios.

Sea como sea, no os olvidéis de comprobar primero las posibles compensaciones ante estos pequeños contratiempos antes de lanzaros a la aventura, sobre todo si se trata de viajes de cierta consideración. Porque además de aguarnos el plan, nos adelgazará el bolsillo sin haber disfrutado de todo lo planeado. Visto lo visto, para Roma, ¡a leer con detenimiento la cláusula de cancelación!

París, Bangkok, Túnez, México, Tanzania. Ruta 2. Miami. Bangkok. Sidney. Manhattan. Tokio. Ruta 6. Se impone la 2 al final del juego pero ha sido sin duda un rato divertido ¡e instructivo!

Se trata de uno de los juegos que le regalaron a Violeta este fin de semana con motivo de su 6 cumpleaños: Callejeros Viajeros. ¿La misión?: ser el primer reportero/a en conseguir más ciudades de tu tarjeta de ruta.

¿El reto?: además de cubrir todas las ciudades llegar antes a la que ambas tenían: Bangkok

¿Las preguntas? De lo más variadas. Y no precisamente fáciles: ¿Miami tiene playas artificiales?, ¿Qué tipo de clima hay en la ciudad de Túnez?, ¿Cuántos años tardaron en construir la escultura más grande del mundo, el Gran Buda sentado? ¿Qué idioma hablan en Pekín? ¿Qué famosa universidad se encuentra en Manhattan? ¿De dónde procede el nombre de Moscú?…

Antes de contestar, decir que el juego nos da tres respuestas y entre ellas, la que corresponde, subrayada en negro, con lo que contestar al azar en caso de dificultad nos da probabilidades de acertar. También que el juego pone a partir de 6 años pero debería poner más edad. Sobre todo por el calado de las preguntas: algunas fuera de lugar para niños tan pequeños aunque en cada tarjeta tengamos tres opciones de preguntas para elegir una.

Complementamos el juego con una segunda actividad: nos vamos al mapamundi de imanes de Gabriela y allí intentamos encontrar las ciudades de la ruta que le ha tocado a cada una. Continentes, países, hemisferio…“aquí he estado”, “aquí quiero ir”, “al lado hay un mar muy grande”…

Entretenido y motivador, pero según la edad de nuestros hijos, con adulto cerca para comprender un poco en qué consiste ese mundo en el que vivimos no solo por fuera, sino por dentro…

“Mamá, qué lejos vive Marco”, me decían mis hijas en aquella etapa de nuestro viaje en la que tocaba cruzar Italia de este a oeste.

Habían visto algún que otro capítulo de la serie de nuestra infancia y la alusión venía que ni pintada ya que desde Trieste nos dirigíamos a Génova a coger el ferry que nos llevaría a Barcelona.

“Chicas, vamos al puerto italiano al pie de las montañas donde vivía el amigo Marco…” ¡La de veces que tuve que escuchar la cancioncita a lo largo del viaje! También les conté, para variar un poco la música, que precisamente en Génova desembarcamos su padre y yo del crucero por las islas griegas que hicimos cuando nos casamos. Y de Marco nos pasamos al ¿y donde estábamos nosotras entonces?, ¿pero íbamos en tu barriga?, ¿te gustaba más Génova antes o ahora?, etc, etc

Trieste-Génova. Era la primera vez que pisaban Italia. En Trieste se hicieron fotos con la escultura de Joyce sobre el canal, y les conté que era un escritor muy importante cuya novela más famosa se llamaba Ulises. Y de ahí pasamos al personaje pero de Homero, porque Ulises las llevó a Penélope y al agotador tejer y destejer (lo habían visto en dibujos) Eso sí, lo que más les gustó a ellas de Trieste fueron los helados.

Mapa en mano y antes de subir al coche les dije que íbamos a cruzar el país de la bota. Omití el más de medio millar de kilómetros que las separaba, e intenté disuadirlas con los cambios del paisaje. Al menos durante un rato. Luego, todo el “arsenal” propio de viaje largo en coche…

Cuando vemos que la cosa va perdiendo fuelle, nada como retarles: “¿a que no os inventáis un nuevo juego?” Y claro, ¿cómo que no??? Y de ahí salen algunas propuestas: elegir un color y ver quién gana con los coches que van pasando, si vamos lentas ver el número de la matrícula del delante y sumar los números o con las tres letras iniciales inventarse un nombre y dos apellidos ficticio…

Decidimos comer en Padua y apenas damos un garbeo por la ciudad. Me pesa no haber entrado en Venecia después de casi tocarla, aunque fuera de puntillas para luego, con tiempo, regresar a ella de verdad pero se trata del viaje de regreso del viaje y nos espera el ferry, y ese, ese no espera (si hubiéramos sabido que se iba a retrasar cuatro horas sobre el horario previsto otro gallo nos hubiera cantado)

Los mayores disfrutamos de la monumental ciudad porque el arte está en la calle pero a las niñas, cansadas, lo que en realidad ya les importa es comer y lo peor es que han divisado un McDo a lo lejos…

De allí a Génova, al dichoso puerto, al bendito puerto. Y es que eso de viajar en coche tiene sus ventajas pero también se hace pesado. Por suerte ahora el coche dormirá en el ferry toda la noche mientras nosotros dejamos de cantar para disfrutar del mar abierto hacia casa. Al día siguiente, de Barcelona a Valencia. El coche al garaje para descansar él y descansar de él todos y el dvd de Marco escondido durante una buena temporada.

Empieza el cole pero las vacaciones están todavía demasiado recientes. Así que, ¿qué tal una escapada que aúne ambas etapas vitales? Porque romper con el verano, así de golpe, es casi como el siempre temido corte de digestión después de una larga comilona de sensaciones durante dos meses.

Ahora que hace poco que han comenzado las clases, y con el temario de Historia recién estrenado, es una oportunidad excelente para enlazar un viaje con alguno de los temas que van a ver a largo del año. Un pasaje histórico, un edificio emblemático, una ciudad singular…Y enlazar, recordar, sumar, que a fin de cuentas así crecemos todos y es más fácil entender dónde estamos y lo que nos rodea.

Recuerdo unas escapadas de fin de semana con la Edad Media como telón de fondo que fueron muy interesantes para todos: el mercado medieval en el madrileño municipio de Buitrago en septiembre para acercarse con un escenario muy auténtico a cómo podía ser la vida entonces.

La escapada a Tordesillas, donde doña Juana vivió una vez muerto Felipe el Hermoso. Aderezado con el mito, le llamaban “la loca” porque dicen que se volvió loca por amor, en consonancia con esta etapa en la que devoran cuentos y leyendas…

La visita a Toro, donde se leyó el testamento de la mamá de doña Juana (le explicaba a mis hijas en referencia a Isabel la Católica)

El fantástico recorrido por el Alcázar de Segovia y el trono con el “Tanto monta, monta tanto… (Isabel com Fernando)” y una lección de igualdad de género/poder medieval muy interesante. “Bueno, chicas, que mandaban los dos por igual”

Luego siempre es cierto que los detalles se desdibujan, pero siempre queda algo, y mucho más de lo que imaginamos además de la experiencia compartida. Nada como aprender Historia…¡viajando!

Antigua de Guatemala, un sueño de ciudad. Yo ya había estado pero mi marido no y como entonces vivíamos en América, ese fue el regalo sorpresa de Navidad: escapada a Antigua. Los TRES. Porque nuestra pequeña Gabriela todavía no había cumplido el año. A los que amamos viajar y no entendemos la vida sin la maleta cerca, cuando formamos nuestra propia familia solo nos queda una opción: adaptarnos a las nuevas circunstancias.

En el diseño del viaje, esa pequeña personita manda y mucho. Y es cierto que en estos viajes ellos, tan chiquitos, se enteran poco y más que nada lo que nos permite a nosotros, los adultos, es a no renunciar a seguir ampliando mundo, pero también es cierto siempre les queda algo: una anécdota, una foto, un recuerdo…

Todavía tiene su gorro a mil colores, que ahora le pone a su muñeca. Y mapa en mano sabe que Antigua fue la capital de Guatemala, ese país que está en Centroamérica y que tiene un volcán y un lago…En el que hablan español y hay una gran cultural indígena. Y ese volcán que se ve desde cualquier lado de la ciudad. Tan bello. El volcán de Agua. Y el lago Atitlán que recorrió con sus papis. Sabe de la plaza, del jade, de la belleza de la ciudad colonial Patrimonio de la Humanidad, de ese lugar en América lleno de color y sabor. También que cuando regresemos visitaremos Tikal, pues no fuimos en aquella ocasión porque pensamos que era demasiado pesado para una bebé. Eso tienen estos viajes: eliges y renuncias, seleccionas de acuerdo con el grupo que forma el viaje y que en este caso cuenta con una pequeña que todavía no camina.

Viajar con un bebé: organización y flexibilidad, un tándem fundamental.

El mes de agosto es sin duda alguna el más festivo del calendario español. Y es que no hay municipio a la redonda de allá dónde nos encontremos que no se ponga de tiros largos y al ecuador del mes, día arriba día abajo de la Virgen de Agosto, celebre por todo lo alto sus fiestas.

La música y la pólvora suelen sentarse en la primera fila, seguidas por la gastronomía, desfiles y cabalgatas, concursos, y el folklore propio del lugar. Todo ello sin olvidar su lado religioso con procesiones y ofrendas, con el despliegue de tradiciones perpetuadas generación tras generación.

Durante unos días el pueblo se transforma, los amigos se reúnen para cenar y charlar, y los niños contagiados de la algarabía participan a toda hora, trasnochando más de lo que toca y madrugando más de lo que los adultos quisiéramos. Las calles se engalanan, los balcones se visten de color y las noches con las luces compiten con esos cielos únicos plagados de estrellas tan propios de los pequeños muncipios fuera de la órbita de las grandes urbes.

Teatro, conciertos, cucañas, play-backs, gymcanas, competiciones, rutas por senderos naturalesla fiesta está en la calle y los niños la viven con tal intensidad que nada más finalizar cerrarían los ojos para que pasara un año y volvieran a comenzar.

Seguro que has ido con tu familia a más de un lugar así, e incluso quizás las vivas todos los agostos de tu vida, pero si no es el caso, no te lo pienses y anímate porque son para disfrutarlas en familia y recordar los buenos ratos a lo largo de todo el año.

Niños a bordo se zambulle en una de ellas y lo va a hacer de cabeza. Con la añoranza de la infancia que se fue y la felicidad de ver cómo sus pequeñas las difrutan con la misma intensidad. Nos volvemos a ver pasadas las fiestas. ¡A disfrutarlas! ;)

Si la gran pantalla nos invita a viajar, con la película de los Pitufos la aventura está servida. Después de vivir casi cinco años en Nueva York, redescubrir la ciudad de la mano de seis de los simpáticos seres azules fue todo un placer tanto para mí, como para mis hijas y mi madre en esa tarde de cine en familia. Central Park, las calles de Manhattan con sus Town Houses y típicas escaleras, la genuina jugueteria en 5ª avenida de la FAO, Times Square, China Town, su metro …

Un recorrido único por la ciudad de los rascacielos que gusta a niños y mayores y que nos sirve de excusa para programar un viaje o para recordar todos esos lugares que visitamos en algun momento…

En la sala se escuchaba a más de una voz infantil exclamar eso de “¡yo he estado ahí!” Y mis hijas me recordaron que tenemos que regresar y que siempre lo aplazo para el año que viene… Aunque después de ver la película, divertida, ingeniosa y tierna (me reí y difruté mucho respecto a otras y llevo ya unas cuantas pelis infantiles a mis espaldas con alguna cabezadita incluida) es hora de poner fecha.

Si vais a viajar a la Gran Manzana, además de los Pitufos, podéis ver Madagascar, Solo en casa, perdido en Nueva York, Little Stuart o Noche en el Museo entre otras pelis para ir calentando motores y convertir el viaje en todo un anhelo.

Eso sí, cuando vayáis al cine y a la salida compartáis los pormenores de la peli, ¡cuidado con el escalón! La abuelita de Niños a bordo no lo vio y nos dio un buen susto…

Las vacaciones son una oportunidad de oro para vivir nuevas experiencias. Una ocasión para descubrir otros horizontes de los que nuestros pequeños, cual esponjas, se empapan hasta la médula. Cuando es un destino nuevo es más fácil probar con algo diferente pero cuando se trata de uno habitual, la aventura está mucho más cerca de lo que pensamos.

Este verano, como todos los años, pasamos una semana en la playa de Gandia, donde tenemos familia y buenos amigos. Y paseando junto al puerto le propusimos a nuestra hija mayor de nueve años apuntarla a Vela. Por suerte es una niña abierta a participar en actividades que piense que puedan ser divertidas e instructivas así que cuando nos dijo que sí nos animamos y en un “un pensat i fet” (pensado y hecho) ya estaba lista para la aventura.

Han sido cinco días fantásticos y lo que más nos impresionó es ver como al segundo día ¡ya estaba con su velero en mar abierto! Además de las nociones básicas y la experiencia, la lección de responsabilidad no cae en saco roto así como la de sociabilidad al conocer a otras niñas y niños de su edad. Y de temple ante la “adversidad” cuando un día con el mar agitado y todas novatas, temían volcar y aprendieron las tres que compartían velero a mantener la calma y quitar hierro al oleaje.

Y es que con 3.500 kilómetros de costa a nuestro alrededor y con opciones mucho más asequibles de lo que creemos, los deportes naúticos son todo un plan cuando viajamos en vacaciones.

Ahora nos toca montaña. Y ya metidos en harina igual hasta probamos más en serio con el senderismo. Rutas cortas y sencillas para empezar con buen pie.

Si estáis de vacaciones donde acostumbráis, ¿qué tal una mirada con otros ojos alrededor? Seguro que hay algo diferente por descubrir, una experiencia nueva que compartir, un reto al que lanzarnos que nos llene de satisfacción. Por no hablar de un nuevo destino en el que a cada paso la novedad sale a nuestro encuentro.

A veces nos empecinamos demasiado en los libros y las tareas del verano cuando el verdadero aprendizaje, el de la vida, también está en sus márgenes, a cielo abierto, y más cerca de lo que imaginamos. Y hay tiempo para todo. Sobre todo en estos meses de días largos que formarán parte para siempre de esa mochila de la que nunca nos desprendemos y que sienta las bases del hombre o mujer que somos: nuestra infancia. Desde niñ@s a bordo ¡Feliz verano! ;)

Museo Casa Natal Cervantes

Museo Casa Natal Cervantes

Alcalá de Henares. Monumental y rotunda. La cuna del mejor escritor de todos los tiempos: Miguel de Cervantes. Me emociona visitar su casa natal. Como me ocurriera con la de su “rival” en lengua inglesa en Stratford-upon-Avon, la del genuino Shakespeare, aunque en aquella ocasión fuera sin “niñ@s a bordo” Y la emoción se transmite. Mis hijas llegan sabiendo que van a visitar un lugar muy especial.

Las cigüeñas y sus nidos las atrapan nada más llegar. Encantadas. Y les cuento que cuando éramos pequeños nos decían que a los niños los traían las cigüeñas en sus picos. Les da mucha risa. La calle Mayor con sus tiendas bajo los soportales las entretienen en el recorrido. Les recuerdo nuestro viaje a la Mancha y los molinos de Campo de Criptana. Antes de entrar a la casa Museo se sientan en uno de los bancos seguramente más fotografiados de toda España y se turna para posar una vez junto a don Quijote y otra junto a Sancho Panza.

Una vez dentro, el patio, el pozo, y cada estancia dedicada a un motivo. Les impresiona la del padre, cirujano; también la de Cervantes de niño y ese bebé que suena en el fondo o la destinada a las mujeres y a los niños “¿no estaban juntos, mamá?” Siempre que estamos en una casa de época, les llama la atención lo bajitos que debían de ser dado el tamaño de las camas. Pasamos un buen rato viendo las ediciones en todos los idiomas del mundo y las diferentes ilustraciones. Aunque lo que más les gusta es la sala dedicada a uno de los pasajes del Quijote, el del maese Pedro, con el teatrillo y sus títeres.

Y a corretear. Por la plaza mayor con sus árboles que se dan la mano. Hasta la fachada auténtica de la vieja universidad ante la que vale la pena detenerse. Y es que no todos los días se visita una Ciudad Patrimonio de la Humanidad, les digo, y aprovecho para contarles que en España hay 13… ¡Hay tanto por ver y disfrutar! ¡Tanto para compartir y junto a lo que crecer!

Este verano, en la quietud de la siesta y en compañía de sus primas, probaremos a leer en corrillo el libro en versión infantil del Quijote. Seguro que alguna que otra aventura, como la de los molinos, ya les suena y cuando vean el grabado gritarán aquello de “mamá, mamá, ya me acuerdo, ¡yo he estado allí!”

Si todavía no lo conoces, este es un buen momento para visitar en familia Alcalá de Henares y el Museo Casa Natal de Cervantes, nuestro embajador más universal, para participar de toda la serie de actividades que se celebran en el marco de los veranos cervantinos.