Nunca pensé que escribiría esto, pero ¡la vida da tantas vueltas! Sí, desde hace unos días Niñ@s a bordo ha incorporado un nuevo miembro a la familia, se llama Toffee y es un Cavalier Kings Charles Spaniel precioso (ya empezamos…;) que hoy cumple dos meses, así que a partir de ahora, más de una escapada será de esas de viajar con perro.

Como somos nuevos en este territorio, todos los consejos al respecto serán doblemente bienvenidos. Y también por lo mismo he empezado a documentarme al respecto (junto con otras dudas de familia primeriza en estas lides)

De momento sabemos que le hacen falta tres vacunas y la de la rabia, y que solo tres semanas después de esta última podrá viajar. Ahora estamos en el extranjero y en julio vamos a España dos meses.

Importante: conocer la normativa de cada país antes de salir, tanto el de entrada como el de salida.Y que todo perro necesita también de su pasaporte, en este caso el Pasaporte Europeo para Animales de Compañía, válido en todo el territorio comunitario y con el que se garantiza que nuestro perro goza de buena salud. El perro llevará también un microchip.

Si vamos a viajar al extranjero, nos servirá de ayuda la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores en la ficha del respectivo país.

En caso de ir en coche, además de las medidas pertinentes de sujeción, es importante parar cada dos horas, darle de beber y dejarle que estire las patas, como haremos nosotros.

En cuanto a los alojamientos, hay que informarse previamente de la posibilidad de ir con Perro a bordo. Todo perro o Viaja con tu mascota, entre otros portales, nos brinda un listado de alojamientos rurales así como un foro para posibles cuestiones.

Si viajamos en avión, que va a ser nuestro caso, hasta seis/ocho kilos suele estar considerado “equipaje de mano”, con lo que puede ir en cabina junto a nosotros. En este caso también es fundamental consultar antes con la compañía aérea con la que queramos volar.

De momento ya he descubierto que Ryanair, la única compañía con la que tenemos vuelo directo a Valencia, no acepta animales. Empiezan los problemas… Por suerte Iberia sí, aunque nos toque pasar por Madrid y coger dos aviones. En cabina, los que pesen menos de 8 kilos transportin incluido; el resto a bodega. Estoy empezando pero “Viajar con perro” me temo que no va a ser nada fácil…

Muchos dicen que el día de la madre es todos los días, pero a mí cada vez me gusta más que haya uno en concreto que nos invite a recordarles cuánto las queremos. Será porque me estoy haciendo mayor, o porque yo también soy madre, o porque como periodista sé que las cosas que no se ponen en agenda muchas veces se vuelven invisibles…

No hace falta el gran regalo pero sí agradecemos el detalle. Un beso. Una flor. Un dibujo. Una fotografía. Un libro dedicado. Unas palabras desde el corazón. Y qué decir de la declaración del adolescente rebelde que confiesa que pese a todo y con todo eres única en su vida…Todavía no me ha llegado esa etapa pero sé de amigas que confiesan que compensa, y con creces, días de discusiones y algún que otro disgusto propios de esta complicada edad que sólo se cura con los años.

Somos fruto del viaje más especial, de ese trayecto único lleno de dolor y amor, tras nueve meses de espera en un aeropuerto sin vistas. Y cuando salimos a la calle por vez primera lo hacemos acompañados de la primera maleta de nuestra vida, esa que ha sido hecha con ilusión y desde el más inmenso de los cariños por mamá, como tantas otras a lo largo de nuestra existencia.

Al haber vivido en diferentes países todos mis años de ser mamá, lo he celebrado en muchos sitios con mis hijas (recuerdo una escapada a Chicago muy especial cuando vivía en Nueva York) pero con la pena en más de una ocasión de no poder compartirlo con mi madre físicamente porque ella estaba en España. Eso sí, las llamadas y algún detalle especial siempre han ido rumbo a Valencia en ese día. Porque es un día en el que todas las madres, lo celebremos los hijos o no, en el fondo esperan ese reconocimiento a la labor más desinteresada del mundo y con jornadas de 24 horas.

Una escapada a ese lugar que sabemos que les gusta, bien sea un parque, un museo, una ruta, un restaurante, su pastelería preferida… Recordar juntos los lugares de su infancia, los viajes más especiales que hicimos en familia, planear el próximo… Eso, y las palabras mágicas: “Te quiero, mamá”. Feliz día a todas las madres del mundo.

Rampas, toboganes, escaleras, cuerdas…una aventura para niños y no tan niños es lo que se vive cuando uno se acerca al Parque Gulliver en los Jardines del Turia de Valencia. Y así fue cuando Niñ@s a bordo en uno de estos días festivos lo visitó para disfrute de las niñas, pero también de los padres convertido en niños por un rato. Porque esta atracción invita a eso, a disfrutarla en familia.

Hacía tanto tiempo que no íbamos que mi pequeña sintió como si fuera la primera vez que estaba allí, y es que muchas veces el paraíso lo tenemos a la vuelta de la esquina y no nos detenemos. También es cierto que en los últimos años no vivimos en Valencia aunque sí que vamos con mucha frecuencia, demasiada como para dejar pasar tanto tiempo en volver a deslizarnos por el entrañable Gulliver.

Porque Gulliver es fantástico y una oportunidad para invitar a nuestros hijos a sentirse como lilliputienses y contarles que esta representación corresponde al inicio de sus aventuras cuando tras un naufragio llega al país de Lilliput, de la mano y pluma de Jonathan Swift. Un buen principio para leer el libro.

Completamos la tarde con el alquiler de una bici para cuatro con la que nos fuimos hasta el inicio de la Ciudad de las Artes y las Ciencias en un paseo estupendo. Y que el marco es único, nada menos que el “Central Park” valenciano, un parque de 9 kilómetros de extensión, el Jardín del Turia, pulmón de la ciudad y fuente de diversión y ocio para disfrutar en familia.

¡Ah! y encima es gratis. Así que si vives en Valencia regresa algún día porque siempre vale la pena, y si no, no te lo pierdas si visitas Valencia en familia. Y en todo caso recuerda que muchas veces el paraíso, como escribía Vargas Llosa, está a la vuelta de la esquina.

Ciudad, montaña, nieve o playa. Destinos todos ellos interesantes para estos días de Pascua que sirven de anticipo para el anhelado verano. Lo malo es que la disponibilidad de nuestros pequeños no siempre casa con la de los adultos, y la escapada, si queremos compartirla en familia se puede ampliar, con suerte, a cuatro días.

Los inconvenientes son los típicos que también se dan en los puentes: todos tenemos los mismos días para salir, lo que se traduce en largas colas y/o esperas en los desplazamientos, el destino deseado puede no estar disponible, y los precios son más elevados por aquello de la oferta y la demanda en temporada alta.

Sea como sea hay mil y una opciones para no quedarse en casa, sobre todo si de verdad nos apetece disfrutar de este “break” en familia.

Si te quedas en tu ciudad, además del programa de Semana Santa de donde vives o el más cercano, puedes disfrutar de tu propia ciudad mirándola con otros ojos y cámara en ristre. Seguro que te quedas impresionado de todo lo que te ofrece: un museo diferente, una ruta nunca hecha, un parque a la otra punta, o recorrerla con el bus turístico.

Si te vas a un lugar fijo, una segunda residencia para los días de vacaciones, intenta hacer algo diferente que haga esa estancia especial a otras veces: un pueblo cercano, un parque temático, una ruta de senderismo, algún monumento o lugar histórico del que aprender algo nuevo…

Y si tienes claro que quieres irte pero todavía no sabes donde, disfruta de las ofertas de última hora y déjate sorprender por la red o la agencia de viajes más cercana. Organiza algo diferente: una playa en la que no hayáis estado, una de las ciudades patrimonio de la Humanidad, un viaje en autocaravana o a un camping… Otra opción son las propuestas que encontrarás en la oficina de Turismo de tu municipio o provincia.

Niñ@s a bordo tiene previsto un poquito de todo, cerquita pero variado. Ciudad, Playa y si da tiempo, un día de montaña. Porque si la organización es importante, la flexibilidad lo es aún más. Y más que el propio destino, lo fundamental son las ganas de disfrutar y la buena compañía. Feliz escapada de Semana Santa ;)

La escapada a Roma fue preparada con los cinco sentidos y el de las ganas por compartir la ciudad eterna en familia. Se trataba de un aniversario de pareja especial y pese a ello (o por ello) decidimos compartirlo con lo mejor que nos había pasado en todos estos años juntos: nuestras hijas (aunque en el horizonte planea una escapada breve, aunque sea de un par de días, “Sin Niñas a bordo”)

Desde España, así como desde el resto de Europa, Roma está muy bien comunicada y con vuelos para todos los gustos y bolsillos. Así que en poco tiempo te plantas allí y te sientes como en casa. Porque también es monumental, latina, ruidosa, familiar y con esa ganas de vivir y disfrutar de la vida tan nuestras.

A las mañanas vaticanas, sucedieron las tardes romanas, y desde el primer momento, el idilio. Porque>Roma te enamora. Hasta el punto que mis hijas decían que no les importaría vivir allí una temporada. Aunque no sé como llevaría yo eso de vivir en una ciudad con tanto turista por metro cuadrado, cierto que sólo sucede en las más zonas emblemáticas, ¡pero tiene tantas!

El hotel, familiar y cómodo. Junto a los museos vaticanos, con lo cual, una parte de nuestro viaje se podía hacer a pie. La Piazza Navona con su mercadillo y fuente monumental nos recibió con los brazos abiertos, también sus manzanas de caramelo y el tio-vivo. Mientras que en la Piazza Spagna, escalera arriba y abajo en aquel interminable ir y venir de gente, terminamos comiendo en un restaurante justo al lado y enfrente de la embajada, que recreaba un pueblo italiano en su interior.

El coliseo con luna llena de impacto, ahí Violeta se calzó su casco de romano y no se lo quitó hasta que se fue a la cama; luego el Palatino y el foro, “parece que estemos en otra época, mamá”, me decía Gabriela, para desembocar en el impresionante monumento a Victor Manuel II y también al soldado desconocido. Impresiona.

Como la noche que topamos con el Panteón y les dije, mirad que columnas, tan imponentes que sólo rodeándolas entre los cuatro con los brazos abiertos podíamos abarcarlas… Nada como la práctica para comprobar la magnitud de las cosas.

Nos insistieron con las bici-carros pero no me parecieron seguras con tanto tráfico. Aunque del resto no nos perdimos nada: taxi, autobús y metro, viendo en este último un vagón repleto de grafitis que parecía sacado de época. Aunque la mayor parte del trayecto fue caminando, y los pies, como decía mi pequeña, ¡ardían!

En cuanto a la comida, para qué hablar. Dicen que a veces se enamora a otro por el estómago, y en eso la capital italiana lo tiene fácil con los niños: Pasta, pizza y gelato. ¡Menudo trío! Si a ello se suma la amabilidad de los romanos, se entiende el buen sabor de boca con el que te marchas, prometiendo volver. Y la Fontana de Trevi, la guinda de nuestro viaje, fue testigo de ello. Caminar por esa calle estrecha y de repente verla allí, tan monumental y con reminiscencias cinematográficas, fue lo más impactante del viaje. Y las moneditas al aire, el colofón del viaje para el que mis hijas se habían preparado a conciencia. Volveremos.

Popeye, las espinacas, Olivia, Brutus… Forma parte de nuestra infancia por lo que este plan es de esos en los que los adultos disfrutamos como niños y los niños, como lo que son, ¡niños!

De todos modos yo soy partidaria de poner primero a los peques en situación y ya que los míticos dibujos no gozan ahora de la popularidad de antaño, contarles y mostrarles algún que otro capítulo, ¡lo de las espinacas y la cancioncilla con silbido incluido se les queda grabada!

Después de despedir el año en el parque de Playmobil, comenzamos 2012 con el parque de Popeye. Un fin de semana intenso y hecho a medida para que ellas disfrutaran, pues junto a mis dos hijas estaba también su amiga Blanca. Ambos están en Malta, una isla amable, segura y muy meditérranea cada vez mejor conectada con España y que además juega en la liga del euro que siempre nos facilita las cosas.


El lugar de por sí ya es excepcional. Anchor Bay. De ensueño. Y la recreación del Popeye Village auténtica con sus casitas de madera. De hecho se creó para rodar la película de Popeye bajo la dirección de Robert Altman en 1980 y es muy curioso entrar en cada una de sus dependencias: la panadería, la zapatería, la oficina de correos, la casa de Popeye

En Navidad además recrean la ciudad de Santa con show y exposición de cómo hace los juguetes con sus gnomos incluida. También se puede recorrer la bahía en barco y e incluso formar parte de la película. Y en verano, además, disfrutar de las piscinas, toboganes y la playa. No digo que el parque no viviera tiempos mejores pero no deja de ser un plan diferente, divertido y con encanto.

“Mirad la cúpula, impresionante, ¿verdad?”Cúpula por aquí, cúpula por allá hasta que caigo en la cuenta: ¿sabes lo que es una cúpula? Mi peque de 6 años me mira con cara de póker. Lo intuye pero entre columnas, arcos, esculturas y frontispicios se pierde… Cierto. A veces nos entusiasmamos tanto que no caemos en aterrizar sobre las cosas más elementales: antes de hablar sobre la cúpula, decir lo que es.

Desde ese momento la cúpula y se convierte en la palabra del viaje. Antes y después. Primero cuando la vemos desde fuera, en la plaza de San Pedro. Luego cuando entramos a la catedral y la vemos desde dentro, desde abajo, y para rizar el rizo, cuando subimos a ella para divisar la más bella de las vistas: “Abuelita, he subido a la cúpula más grande, ¡320 escalones!” Le cuenta a mi madre orgullosa de su gesta. “y eso que elegimos la entrada con ascensor, porque si no hubieran sido más de 500”. Por no hablar de las siguientes a lo largo del viaje, claro: “mamá, mira, una cúpula, mamá, otra cúpula pero esta es más pequeña, mamá…” y así toda Roma

Por cierto, todo amabilidad y paciencia con las familias. Porque la subida es complicada y estrecha, y qué decir de la bajada. Pero las personas que subían y bajaban se tomaron su tiempo cuando nos tocó descender (de fondo oíamos la palabra “bambinis”, con lo que imaginamos que prevenían al resto para que se lo tomaran con calma)

También oyen hablar de Miguel Angel y se impresionan con todo lo que ha hecho. Porque el día anterior a la visita de la basílica de San Pedro, llegamos hasta la mismísima capilla Sixtina casi por la campana. Por suerte nos alojamos en un hotel al lado de los museos, y fue un acierto: el Vaticano a pie. No se podían imaginar al gran Miguel Angel solo llenando aquel espacio de arte en las alturas.

Lo peor fueron las carreras y las agobiantes colas (porque nadie te cuenta que las peores son una vez estás dentro del recinto y no fuera , vamos, como Disney pero más entretenido con esas salas fantásticas y sus artesonados interminables, tapices, cuadros…) Eso sí, en cuanto la Capilla Sixtina se cerró (a la 1 de la tarde), ancha es Castilla: comimos en la cafetería y recorrimos plácidamente el resto de las estancias. Hasta se atrevieron a ver la momia del museo egipcio ¡y no tuvieron pesadillas!

Cuando les recordamos que estábamos en el país más pequeño del mundo (0.44 km2) y que prácticamente lo habían recorrido todo no se lo podían creer. ¿Dentro de Italia? Sí, y además Italia hace doblete pues cuenta con otro micro estado: San Marino (60.5km2) Así que mapa en mano decidimos un nuevo plan a futuro: Venecia y de allí, escapada a San Marino. Teniendo en cuenta que Malta es el décimo, ¡a este paso nos vamos a especializar en los países más pequeños del mundo!

En estos días en los que el juego está más presente que nunca, visitamos un parque muy especial: el “Funpark” de Playmobil. Un plan para niños en el que los adultos disfrutamos casi más que ellos recordando los muñecos de nuestra infancia, ahora multiplicadas en versiones, roles y atuendos.

Fue el último día del año, y nos encantó decir adiós al 2011 jugando. Se trata del parque que hay en Malta, junto a la que está considerada la segunda fábrica más grande de estos juguetes de origen alemán. El parque es pequeño pero de lo más entretenido.

En la puerta nos reciben los guardianes playmobil de la fortaleza tamaño niño, figuras que se prodigan en el interior, donde puedes jugar con todos los set de la colección: circo, palacio, bomberos…Y fuera, un pequeño parque ambientado con otras figuras que ejercen de granjeros, princesas o aventureros, casa, tobogán, caballos y vacas…

Además del de Malta, hay otros tres a lo largo y ancho del mundo: uno en París, otro en Alemania y otro en Estados Unidos. Pero sólo en Malta, se puede ver además “in situ” cómo se fabrican. El problema es que la visita a la fábrica ha de ser entre semana, con cita y en horario laboral, con lo que la cosa se complica. Al menos en invierno. Así que queda pendiente… Feliz 2012 ¡y a jugar!

Una Navidad con sol radiante, manga corta, bebiendo una piña colada en la piscina del hotel o sorteando la ola turquesa…Suena bien, ¿verdad? Pero no es a lo que la mayoría de los europeos estamos acostumbrados. La Navidad nos trae frío, chimenea, bufanda y en muchos lugares, nieve.

Niños a bordo ha vivido ya la Navidad en México, Guatemala y Nicaragua, y la verdad es que es una experiencia para no olvidar. De esas que te producen sensaciones contrapuestas. Por un lado te oxigena y carga de energía para afrontar el duro invierno, porque ese calor en el ecuador del frío se recibe con los brazos abiertos. Pero por otro, muchas veces no tienes la sensación de estar realmente en esa época tan entrañable del año pese a los gigantescos árboles con luces que jalonan todas las plazas y rotondas y demás motivos por doquier, típicos de estas fechas.

En Managua, ciudad horizontal donde las haya, el verde se viste de color. Y tanto los lugares públicos como los jardines de las casas lucen gigantescas figuras y mucha luz: desde santas a belenes pasando por renos y hasta trineos en la una nieve inexistente…

En Antigua, que fue donde vivimos nuestra navidad guatemalteca, el clima ya no jugaba tanto a nuestro favor y de hecho recuerdo que tuvimos que comprar prendas de abrigo porque nos pilló desprevenidos la temperatura tan baja… El claustro del hotel Santo Domingo, de ensueño.

Y finalmente México, playa del Carmen, el paraíso desde la hamaca, la Navidad dulce navidad de arena blanca.

Unas navidades diferentes como en tantos lugares en los que diciembre sabe a verano que vale la pena vivir alguna vez en nuestra vida, sobre todo si las disfrutamos en familia, que es como de verdad se sienten.

Felices fiestas y los mejores deseos.

Se nos amontonan los planes. Y es que en nuestro calendario de puentes (tan mal repartido) diciembre es sin duda el mes de las planificaciones varias. Puente de diciembre a dos velocidades: o la Constitución o la Inmaculada Comidas de empresa y familiares. Fin de fiesta escolar. Compras y más compras. En tu casa o en la mía. Y como colofón: Plan de Nochevieja. Agotador.

Pero todo está caro. O al menos ese es uno de los principales argumentos para quedarnos en casa. Aunque luego hacemos cuentas y resulta que no nos salen tan a favor. Porque en casa gastamos luz, agua, comemos, cenamos, desayunamos, y al ser festivo, salimos a tomar algo, nos damos un garbeo y picamos en el centro comercial, vamos al cine… Y resulta que nos hemos gastado casi lo mismo que si hubiéramos aprovechado alguna que otra escapada entre las numerosísimas ofertas en familia de las que se amontonan en la red, incrementadas con los portales de descuentos.

Porque las hay para todos los gustos y a todos los precios: un paquete de hotel y pensión completa, una casa rural para compartir, un apartahotel con toda una serie de servicios, dos días de actividades varias en un parque natural o de ocio… Paquetes con niños gratis o a mitad de precio. Mil y una ofertas que nos darán un respiro para resistir la prueba de fuego familiar de las Navidades, motivo de conflicto más o menos equiparable al de las vacaciones estivales con el agravante de “en tu casa o en la mía” y el estrés de los regalos de rigor.

Dicen que tenemos muchos puentes
y que habría que reducirlos, cuando en realidad lo que habría que revisar y reducir son estos horarios nada conciliadores. Los puentes nos dan ese respiro que necesitamos y son fundamentales para nuestro sector económico principal, el turístico. Aunque también es cierto que están muy mal repartidos, con un otoño pleno y un invierno, a excepción de las Navidades, sin respiro alguno hasta la Semana Santa. Por suerte nos quedan los fines de semana, la gran apuesta del turismo familiar que va en aumento.

Si todavía no has reservado tu escapada de diciembre, no te lo pienses y revisa las ofertas de última hora. Con más de una si haces cuentas no sólo ganarás en vivencias, sino que te saldrá casi a cuenta: lo comido por lo servido como si te hubieras quedado en casa, pero bien servido. A reponer fuerzas ;)